Poesía.
 
Flavio Giménez.
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Poesía.
 
Treinta años.
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Hoy sé que la vida,
a la larga,
siempre gana,
ya sea de penal,
en off side
o sobre la hora.
Imaginemos un rato
lo contrario,
todo a merced de la muerte
y sus lacayos,
morirnos porque sí,
o por las dudas,
sin historia,
sin justicia,
por justas causas,
sin memoria...
Jamas podríamos amar,
soñar futuros,
agitar banderas,
procrear hijos,
sembrar jardines,
remontar barriletes,
decir verdades,
sin que una culpa
nos marchite
sin piedad
las primaveras...
Ojalá
NUNCA MAS
quede la vida
en manos criminales,
Si no,
aquí estaremos siempre
volviendo
una y otra vez,
tantas como fuesen necesarias,
hasta que como hoy,
la vida gane...
Solo así
podremos descansar,
volver a soñar,
imaginar,
pensar,
inventar nuevos mañanas,
nuestras madres
podrán volver a casa,
a pensar solo en la cena
y nuestro pueblo
podrá volver a meter
las patas en la fuente
y escribir libremente
sus treinta mil historias
en las paredes...

(En homenaje a los 30.000 compañeros que aun me siguen acompañando por la vida.)
Fugitivos del cielo.
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Hoy
se me han
caído Ángeles del techo
y eso me tiene bastante preocupado.
No sé si expulsarlos de mi casa o poner
barandas, o mejor, sacar el techo. Es complicado
esto de tener Ángeles en las azoteas, tienen alas pero
de tanto contemplar el cielo se olvidan de volar y se
quedan ahí, como unos giles, por ahí uno de ellos
sale a caminar y de repente se les acaba el techo.
Es un drama porque una vez que se caen
ya no suben mas, entonces los alojo
en casa, adentro mejor dicho y a los
vecinos, los vendedores y la policía
les digo que son mis hermanos
otros mis sobrinos y así
sucesivamente. Esto me
ocurre exactamente desde
aquella vez que
me caí del
techo.


Si somos diez es multitud.
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Sí,
es verdad,
si usted quiere
puedo demostrarlo.
Podría,
por ejemplo,
llevarlo con nosotros,
tapar sus ojos,
y luego dígame:
¿Cuántos cantaban con nosotros?
Quizás se asombre,
le explico,
puedo decirle
que con nosotros estaban
los que nunca fallan,
los que se pierden
en la historia,
los que sueñan despiertos,
los que cantan
por las calles
con palabras “feas”,
los enamorados
desencontrados,
y por sobre todo,
los que no pueden venir,
los que no podemos abrazar
por estar obligadamente lejos,
los impedidos
por absurdas rejas
(traidoras rejas),
adelanta marchan
los treinta mil,
y para colmo
están “ella y el”.
¿No los ve?
no mire con los ojos,
no escuche con los oídos,
siéntanos
con corazón de bombo...
Podrá ver
que nuestras banderas cantan,
las camisetas transpiradas cantan,
nuestros pantalones
y zapatillas rotas
también cantan...

Y ahora,
mírese usted
sin querer forma parte
de este terrible y hermoso
olor a chivo...
Escúchese,
su canto es colectivo...
¿A hora me entiende?
Dígame,
¿si somos diez,
no somos multitud?
¿O sino?
¿Por qué nunca
nos alcanza el vino...?

F:R.G.
Contacto: sirpezvolador@galeon.com